Por Stephen Zunes, traducción de su artículo del 22 de abril de 2019, publicada en https://www.nonviolent-conflict.org/ (Minds of the Movement) el 10 de julio de 2019.

Una poderosa insurrección civil por la democracia en Sudán que ha derrocado a un dictador que ha permanecido por mucho tiempo en el poder, con quien lo suceda aún en proceso de designación, está esperanzando a la población sudanesa en obtener una completa transición a la democracia.

Las manifestaciones comenzaron en diciembre del año pasado, inicialmente enfocadas en el deterioro de la situación económica, pero pronto escalaron a demandar que el autoritario Presidente Omar al-Bashir —quien había gobernado el país por casi tres décadas— abandonase el poder y se restaurara la democracia. Para el mes de enero las protestas se habían extendido a la capital, Jartum, ganando el apoyo de movimientos de jóvenes y mujeres, así como de un gran número de partidos de oposición. Durante la tercera semana de febrero, el gobierno declaró el estado de emergencia, incrementando los arrestos de opositores y censurando la cobertura de la prensa hacia el movimiento. A pesar de la creciente represión, así como de una reorganización del gabinete para apaciguar a la oposición, las protestas continuaron.

Imagen: Afiche en la página web de la Asociación de Profesionales Sudaneses.

El 6 de abril, la Asociación de Profesionales Sudaneses lideró una marcha de miles de personas hacia el cuartel general de las Fuerzas Armadas y comenzó allí una concentración demandado la renuncia de al-Bashir y el regreso del gobierno civil democrático. A pesar de la cantidad de manifestantes que habían sido asesinados durante los meses previos, el movimiento estaba en claro crecimiento. Menos de una semana más tarde, el 11 de abril, los militares destituyeron a Omar al-Bashir, y posteriormente lo pusieron bajo arresto. El General Awad Ibn Auf, quien había desempeñado el cargo de Ministro de Defensa de al-Bashir y ahora encabezaba el consejo militar transicional en Sudán, se autoproclamó presidente interino, anunció la liberación de algunos presos políticos, declaró el estado de emergencia (incluyendo el toque de queda desde el anochecer hasta el amanecer), y prometió elecciones en dos años.

Foto icónica y viral de la activista Alaa Salah hablando y cantando ante la multitud que protestaba en abril ante el cuartel general de las Fuerzas Armadas en Jartum

Las manifestantes (nota de la traducción de enpiedepaz.org: el 70% del conjunto de las personas que han llevado a cabo las protestas son mujeres), rechazando la continuidad del gobierno militar, y que se pospusieran a tan largo plazo las elecciones democráticas, desafiaron el toque de queda y demandaron la transición inmediata a un gobierno civil y elecciones adelantadas. Menos de 30 horas después, Ibn Auf renunció y fue sucedido por el Teniente General Abdel Fattah Abdelrahman Burhan, quien —a diferencia de Ibn Auf— no estaba implicado en crímenes de guerra ni estaba tan cercanamente asociado con el gobierno represivo de al-Bashir. El toque de queda fue levantado, una cantidad adicional de personas presas políticas fueron liberados, y algunos de los más notorios líderes militares, de la policía y de los servicios de inteligencia, así como los fiscales más prominentes, fueron expulsados de sus puestos. Un intento a medias por parte del ejército de dispersar la concentración de protesta, ejecutado el 1ro de abril, fracasó. Las conversaciones entre los líderes por la democracia y el gobierno interino continúan, con un número de importantes concesiones relacionadas con la prohibición de nombrar a miembros del partido de al-Bashir en el gobierno interino, e incluir a líderes democráticos, aunque muchos de los detalles continúan siendo negociados mientras escribimos este artículo y las demandas por un gobierno de transición liderado por civiles continúan en pie.

Una breve historia de la Resistencia Civil en Sudán

Esta no es la primera vez que el pueblo de Sudán se levanta en una insurrección por la democracia mayormente noviolenta contra un régimen dictatorial. En 1964, cuando el país estaba gobernado por el dictador militar Ibrahim Abboud, grandes protestas se fusionaron con una paralizante huelga general que forzó su salida del poder. Una serie de inestables coaliciones civiles gobernaron el país hasta un golpe militar en 1969 liderado por Jafaar Nimeiry, pero su gobierno represivo cayó durante la primavera de 1985, cuando dos semanas de manifestaciones mayormente noviolentas y una huelga general condujeron a su destitución por parte de los militares. Las protestas continuaron hasta que el ejército acordó ceder el poder a un gobierno civil interino, y permitió la celebración de elecciones democráticas.

El levantamiento en Sudán desafía una serie de mitos prevalecientes entre mucha gente en Occidente con relación a las insurrecciones civiles desarmadas.

Las divisiones dentro del gobierno de coalición de base amplia lo hicieron vulnerable a presiones de los líderes militares e islamistas de extrema derecha, quienes, liderados por al-Bashir, asumieron el poder en 1989. En los años que siguieron, el régimen diezmó a la sociedad civil sudanesa, incluyendo al anteriormente vibrante movimiento sindical, e impuso un sistema islámico ultraconservador respaldado por un brutal estado policial. A pesar de la severidad de la represión, una serie de levantamientos abortados y masivas protestas sacudieron al país, más significativamente en 1998, 2011, 2012, y 2016. Una coalición por la democracia conocida como Girifna (“Estamos hartos” en árabe) persistió a pesar de que muchos de sus líderes fueron arrestados o asesinados.

Sorprendentes enseñanzas sobre el levantamiento actual en Sudán

El levantamiento en Sudán desafía una serie de mitos prevalecientes entre mucha gente en Occidente con relación a las insurrecciones civiles desarmadas.

Mito #1: Las tácticas noviolentas no pueden trabajar contra regímenes altamente represivos.

Sudán ha estado generalmente clasificado entre los regímenes más sangrientos, violentos y totalitarios del mundo. Al-Bashir ha sido acusado ante la Corte Penal Internacional de múltiples cargos de genocidio, crímenes contra la humanidad y otros crímenes de guerra, e igualmente otros altos oficiales de su ejército también han sido implicados en estos crímenes. Los activistas por la democracia han sido abatidos a tiros en repetidas ocasiones en las calles de Jartum y otras ciudades, y sin embargo las protestas han continuado. Además de esto, a diferencia de los levantamientos de 2011 en Túnez y Egipto, en los cuales los grandes movimientos incluyeron también motines, incendios y confrontaciones violentas con las fuerzas de seguridad, los manifestantes en la capital sudanesa han tomado la elección consciente de permanecer noviolentos.

Mito #2: La resistencia civil no puede desarrollarse en países empobrecidos con alto nivel de analfabetismo, poco acceso a Internet y pobre infraestructura.

Sudán es uno de los países más pobres del mundo, situación exacerbada por los actuales conflictos armados, la corrupción rampante, la sequía y —a pesar de ser el país más grande de África— una falta de transporte adecuado y de infraestructura básica. Tanto el nivel de alfabetización como de acceso a Internet se encuentran entre los más bajos del mundo árabe, con apenas la mitad de la población adulta capaz de leer y escribir. El país se ubica cerca del final de la lista del Índidce de Desarrollo Humano. A pesar de esto, cientos de miles de personas se han movilizado a través del país.

Mito #3: Tener éxito en la lucha noviolenta no es realista en países con serias divisiones étnicas o conflictos violentos en marcha.

Sudán ha sufrido de conflictos violentos internos y guerras civiles durante la mayor parte del período que siguió a alcanzar su independencia en 1956. La guerra librada por los separatistas en el sur condujo a la independencia de esa región en 2011, pero los combates continúan en ambos lados de la nueva frontera. La guerra en la región de Darfur en el oeste, la cual ha incluido actos de genocidio contra la población Fur, continúa. El gobierno militar, encabezado por los árabes, ha discriminado a otras minorías, incluyendo a los beja, nuba, y fallata. Sin embargo, todos los principales grupos étnicos han estado participando en el levantamiento. Además de las protestas en la capital, Jartum, se han llevado a cabo manifestaciones masivas en ciudades del noreste como Atbara (donde comenzó el levantamiento) y Puerto Sudán, en la ciudad de El-Gadarif en el sureste, hasta la ciudad de Al-Fashir, la capital de Darfur, en el oeste.

La voluntad de las y los manifestantes sudaneses de mantener una estricta disciplina noviolenta, mucho mayor que en muchas luchas por la democracia en países más “desarrollados” resulta también un importante recordatorio de que la apreciación de la importancia estratégica de la acción noviolenta está muy lejos de ser una construcción primariamente Occidental.

Esto subraya que tanto el deseo de libertad política como la estrategia de emplear resistencia civil noviolenta para obtenerla no están restringidos al nivel de desarrollo de una nación, de su estabilidad política, de su estructura de gobierno, o de sus particulares tradiciones étnicas, culturales y religiosas. La voluntad de las y los manifestantes sudaneses de mantener una estricta disciplina noviolenta, mucho mayor que en muchas luchas por la democracia en países más “desarrollados”, resulta también un importante recordatorio de que la apreciación de la importancia estratégica de la acción noviolenta está muy lejos de ser una construcción primariamente Occidental.

A diferencia de la opinión de muchas personas a principios de esta década en la lucha por la democracia en Egipto, que ingenuamente confiaron en que el ejército sería un aliado, las y los sudaneses se mantienen firmes en demandar un gobierno civil y un mínimo rol político para las fuerzas armadas del país. Negarse a aplacar las protestas por las significativas demandas que el gobierno de transición está ofreciendo, y demandar que ellos también se retiren del poder, es una estrategia de alto riesgo y alta recompensa. El liderazgo del ejército sudanés ha demostrado en el pasado su voluntad de ordenar masacres en gran escala. Sin embargo, la fuerzas por la democracia están esperanzadas en que —incluso si esas órdenes son impartidas— los soldados rasos y una generación más joven y emergente de oficiales de nivel medio, más moderados, rehusarían llevarlas a cabo.

Con miles de sudaneses todavía en las calles al publicarse este escrito, el movimiento por la democracia parece creer que tiene la combinación ganadora de su lado.


Esta entrada del blog de Minds of the Movement también está disponible en inglés:
How Sudan’s Pro-Democracy Uprising Challenges Prevailing Myths about Civil Resistance

Stephen Zunes

El Dr. Stephen Zunes es Profesor de Política y Estudios Internacionales en la Universidad de San Francisco, donde se desempeña como coordinador del Programa de Estudios del Medio Oriente. Ejerce como analista político principal de Foreign Policy in Focus en el Institute for Policy Studies, es editor asociado de Peace Review, editor contribuyente de Tikkun, y durante siete años se desempeñó como primer director del comité académico asesor del International Center for Nonviolent Conflict, ICNC.


Imagen destacada de este artículo en enpiedepaz.org: Protesta a principios de junio ante el cuartel general de las Fuerzas Armadas en Jartum (imagen de Eye on Sudan vía @AfricansRising: “#SudanUprising : #IAmTheSudanRevolution nos pide que estemos con la gente de #Sudan , con 30 muertos y más de 400 heridos, ¡ya es suficiente! ¡Necesitamos un régimen civil ahora, la gente ha tenido suficiente de los militares! #AfricansRising#AfricaWeWant#OpSudan (Imágenes: Ojo en Sudán)“:

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