Desde la Coordinadora 12D En Pie de Paz apoyamos la iniciativa europea 5M: el abrazo de los pueblos para denunciar las políticas migratorias de la Unión Europea y sus gobiernos en el marco de las próximas elecciones al Parlamento Europeo, pero ampliamos las responsabilidades a todos las élites que gobiernan el continente europeo, desde el estrecho de Gibraltar hasta los Urales.

Por todo ello publicamos aquí un texto partiendo del manifiesto de apoyo a las movilizaciones del 5 de mayo y, a continuación, el manifiesto específicamente antimilitarista que también ha sido redactado por esa iniciativa.

Los actos en distintas ciudades tienen una dinámica similar en la que se realiza una coreografía en espiral que termina en ese abrazo colectivo mietras suena una canción igualmente común en todas las concentraciones


Por la defensa de la humanidad, de las personas migrantes y de su libre movimiento y acogida en Europa y contra el neofascismo

 

En estos momentos en Europa, de forma acelerada, ganan terreno fuerzas de extrema derecha y neofascistas entre importantes sectores de la población, arrojando olas de odio sobre las personas migrantes y refugiadas, a las que culpan de los males de nuestras sociedades, del desempleo, de los bajos salarios, de la crisis social y económica, del aumento de la delincuencia y del machismo.

Y en consecuencia esas fuerzas extremistas, junto a quienes desde sectores de centroizquierda y de derecha asumen algunos de sus postulados, incrementan las injustas políticas migratorias ya existentes, como las expulsiones masivas, cierran las fronteras y arrojan a la muerte a decenas de miles de migrantes en las aguas del Mediterráneo, en los desiertos de África y en otros lugares sin nombre, negándoles derechos humanos básicos, la vida y el derecho a migrar.

Ante esta situación manifestamos:

1. Los responsables de esta crisis, producto del desarrollo de estrategias neoliberales, son las élites que gobiernan el continente europeo y no las personas migrantes y refugiadas. Las políticas de esas elites generan paro y precariedad, eliminación de servicios públicos esenciales y recortes sociales, utilizan como chivo expiatorio a la inmigración y fomentan sentimientos xenófobos y la guerra entre pobres, para ganar votos y evadir la responsabilidad de quienes nos gobiernan.

La presencia de las personas migrantes y refugiadas en Europa es, sin embargo, positiva.  Enriquece nuestras sociedades, nuestras formas de vida y nuestras actitudes frente a las otras, refuerza el desarrollo de la convivencia entre diferentes, e impulsa procesos de solidaridad y de búsqueda de la igualdad.

Por eso denunciamos la manipulación y falsedad del discurso que culpa a la migración de la crisis social y económica en el continente europeo y oculta la responsabilidad de las elites europeas en dicha crisis.

2. La UE, los gobiernos del continente europeo y las grandes empresas trasnacionales son responsables del éxodo migratorio: millones de personas huyen de las guerras alimentadas con armas fabricadas en Europa Occidental y del Este, así como en Rusia, y de la miseria provocada por las políticas comerciales neocolonialistas, por la desestructuración social derivada de dichas políticas, por el saqueo de los recursos mineros y energéticos, por el acaparamiento de tierras que desplaza a cientos de miles de personas y por la destrucción ambiental responsable del  cambio climático

Y son asimismo responsables de las consecuencias de dicho éxodo, de las muertes, prisión, esclavitud y trato inhumano de miles de personas en el largo viaje hacia el continente europeo, y de la violencia que en él se ejerce contra menores, personas LGTBI y mujeres, a muchas de las cuales se les empuja a las redes de trata.

La violación de los Derechos Humanos de las personas refugiadas y migrantes es, asimismo, una constante también cuando se encuentran en Europa: aquí sufren violencia, discriminación y explotación, especialmente agravadas en las mujeres migrantes.

Por ello exigimos

  • El cumplimiento estricto de la declaración universal de los Derechos humanos, que todas las personas migrantes puedan moverse libremente y que disfruten de los mismos derechos que el resto de quienes habitamos en Europa
  • El cese de la externalización de las fronteras, de la fabricación y venta de armas europeas, del saqueo de recursos y del acaparamiento de tierras, así como un cambio sustancial en las políticas económicas y comerciales actuales
  • Políticas migratorias acordes con los derechos humanos, cese de las expulsiones y establecimiento de vías de pasaje seguro para quienes quieren migrar de sus países.

 3. En Europa la solidaridad con las personas refugiadas y migrantes, expresada por gentes europeas y por redes de migrantes, está siendo criminalizada tanto por gobiernos autoritarios y extremistas, como por gobiernos conservadores y de centroizquierda.

Salvar vidas, solidarizarse y apoyar a personas a las que se les ha arrebatado todo, acogerlas, convivir con ellas, defenderlas legalmente y ayudarlas a encontrar una nueva oportunidad en una nueva tierra se ha convertido en delito.

Por ello planteamos que es hora no solo de frenar esta criminalización, sino de apoyar -en las esferas locales, nacionales, estatales e internacionales correspondientes- a estas personas y organizaciones y enaltecer los valores que defienden.

4. El rechazo, las deportaciones y la creciente persecución violenta de migrantes y refugiadas liderada por las fuerzas de extrema derecha y neofascistas en el continente europeo como un elemento central de su estrategia política, tienen como objetivos, en primer lugar, acabar con la vida social y política que lucha por establecer una sociedad de iguales en derechos y libertades, regida por los valores y prácticas de dignidad, respeto, solidaridad, inclusión y democracia, en definitiva valores de humanidad.

En segundo lugar esa estrategia pretende construir una sociedad autoritaria y patriarcal basada en el odio y en la exclusión de las personas vulnerables, empobrecidas, excluidas, diferentes, migrantes.

Enfrentarse a esas políticas institucionales  racistas  de exclusión y rechazo es hoy una actitud clave para hacer frente y detener la implantación en Europa del modo de vida antihumano que ante el fracaso de la Europa social, el recorte de derechos y  la crisis de la democracia  proponen las fuerzas extremistas de derecha y neofascistas y quienes las secundan.

  • Por eso nos comprometemos a rechazar las políticas de odio y discriminación como norma de convivencia, y a defender los valores de humanidad y solidaridad como modo de vida en Europa.

Y mientras esas políticas de odio y exclusión no sean barridas de nuestras sociedades, eliminadas las causas de las migraciones y alcanzado el objetivo de todos los derechos para todas las persona – porque los derechos que no son para todas, son privilegios

  • Nos comprometemos a recordar que todas las personas siempre hemos sido migrantes: nuestros mayores, nuestras madres y padres sufrieron -y probablemente nuestras hijas, hijos y descendientes sufran- el dolor y la miseria de las migraciones, el exilio y la desigualdad.
  • Y por todo ello nos comprometemos a manifestar una solidaridad activa con las personas que ahora padecen esa situación y a considerarlas una parte integral de nuestras sociedades.

 

 

Manifiesto “La guerra empieza aquí, parémosla aquí” (Marzo 2019)

 

La guerra es un crimen contra la Humanidad. La construcción de un mundo justo conlleva, ineludiblemente, no apoyar ninguna guerra y luchar por la erradicación de todas sus causas. Sin embargo, los gobiernos occidentales malgastan miles de millones de euros al día en gastos militares generando directa o indirectamente guerras de diverso tipo para defender sus intereses. Así, detrás de toda guerra hay intereses económicos o geoestratégicos de gobiernos o transnacionales, y los ejércitos son, precisamente, el instrumento para garantizar esos intereses, independientemente del sufrimiento humano que generen.

El sufrimiento que ocasionan los ejércitos es indescriptible. Las guerras provocan muerte y destrucción allá donde llegan, suponen una violación flagrante de los derechos humanos y fuerzan desplazamientos humanos. De hecho, los conflictos bélicos y sus consecuencias a corto y medio plazo son la principal causa de las migraciones forzadas en el mundo. Cada año millones de personas abandonan sus hogares huyendo de la guerra y la violencia. Entre ellas, las mujeres viven procesos migratorios especialmente crueles, siendo víctimas silenciadas de violaciones y de trata. Mientras, los gobiernos occidentales se dedican a levantar muros de iniquidad para evitar que esas personas puedan salvarse y rehacer sus vidas. La ingente inversión en impedir la migración de estas personas mediante la vigilancia, la construcción de muros, la instalación de concertinas… resulta obscena en comparación con el dinero destinado a ayudarlas –a veces simplemente para evitar que mueran–. De hecho, los gobiernos de los países enriquecidos y parte de la ciudadanía parecen olvidar que esas personas normalmente huyen de realidades donde la muerte y miseria han sido inducidas por Occidente.

Sin embargo, aunque las guerras se planifican meticulosamente en lujosos despachos de élites poderosas, las guerras empiezan en nuestros barrios, en nuestros pueblos. En ellos hay empresas que se dedican al diseño y fabricación de armas muchas veces financiadas con nuestros impuestos. Estas empresas utilizan nuestras infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos…) para transportar y vender esas armas al mejor postor que las utilizará en guerras presentes o futuras. Y estas armas, diseñadas o fabricadas aquí, destruirán países y matarán personas, amparadas o no en la legalidad internacional.

Además, los gobiernos, respaldados por los votos, destinan anualmente ingentes recursos económicos a gastos militares para adquirir armamento y sostener un ejército bajo falaces argumentos como la defensa del terrorismo o las misiones de paz. Según el SIPRI, el gasto militar mundial ascendió a 1,74 billones de dólares en 2017. Debemos preguntarnos qué mundo estamos construyendo con tanto dinero dilapidado y, a la vez, qué mundo podríamos construir dedicando todos esos recursos a construir un mundo en paz, sin guerras y sin ejércitos. Encargar a un ejército una misión de paz es similar a enviar a un pirómano a sofocar un incendio.

Por todo ello, apoyamos la iniciativa 5M, el abrazo de los pueblos, como una forma de denunciar las guerras y sus consecuencias. No a las guerras, a ninguna guerra. No a los ejércitos, a ningún ejército. No al gasto militar, a ningún gasto militar. No a la fabricación y exportación de armas, de ningún arma. Para la guerra, nada. La guerra empieza aquí y podemos pararla aquí. Denunciemos toda iniciativa y medida que apoye la preparación de la guerra y generemos alternativas de paz mediante la noviolencia y la desobediencia. La guerra empieza aquí, parémosla aquí.

(Imagen destacada: Dibujo de Carmen García Gordillo)