Hace cosa de un año y medio nuestro compa de correrías en el pacifismo antimilitarista, Juan Carlos Rois, nos mandaba un primer borrador de lo que finalmente ha sido su “Manual para entender el militarismo (y luchar por la desmilitarización)” “ convencido de que hace falta nuevo activismo que reemplace a los que ya nos vamos quedando varados en el camino, y nuevos modos de hacer, nuevas prácticas tanto organizativas como de agendas políticas y, en fin, de alguna manera hacer posible que, ya que contamos con más información y análisis que nunca sobre el militarismo y sus males (y también sobre cómo quitarle poder y hacer un poder otro), todo este conocimiento se vuelva viral, por así decirlo, y parte de la reivindicación global de cambio e incite al movimiento, razón de ser de esta lucha.”

“De este modo, me puse a componer lo que pretendía ser un mini-manual acerca de qué es el militarismo y cómo opera y qué es ser antimilitarista (que ya me gustaría sabérmelo pero lo he disimulado como he podido) y sugerencias para una nueva lucha. Y lo que pretendía ser un texto básico y enfocado a que gente joven (digamos de la edad de mi hijo Manel y un poco más mayores sin llegar a la tercera edad) sintiera una cierta curiosidad por todo ello, se fue complicando a medida que desbrozaba el texto, con más preguntas que respuestas y con más enfoques que se iban abriendo.”

Por fin, y después de no pocas peripecias editoriales que ha sufrido nuestro amigo (que el propio Juan Carlos explica en el prefacio), que nos hacían un poco complicado la publicación online que le propusimos ya entonces, iniciamos hoy una serie de publicaciones a modo de extractos con la que queremos acompañar la difusión abierta que él ha impulsado facilitando el acceso libre al documento a través de varios cauces:

“Se acabó la redacción del texto en diciembre de 2018. Se redactó el prefacio y se procedió a su edición E-pub y PDF con la finalidad de proporcionarlo de forma gratuita en páginas y portales de organizaciones pacifistas y antimilitaristas u otras organizaciones sociales que no persigan ánimo de lucro, en marzo de 2020.”

Deseamos que estas publicaciones periódicas en forma de artículos que vamos a ir extrayendo de él animen a la lectura completa del documento, que puedes descargar también aquí:

Índice

Prefacio
A modo de explicación

I Entender el militarismo
¿Qué es el militarismo?
¿Cómo funciona el militarismo?
El militarismo, uno de los macroproblemas del capitalismo global
¿Por qué es tan perjudicial el militarismo?

II Características del militarismo español
Dimensiones de nuestra estructura militar
La red de apoyo al militarismo
Las políticas de defensa
El gasto militar
El chollo de los PEAS y la deuda inmoral
Identificación ideológica: nacionalista, confesional y de derechas
Un Estado dentro del estado
El lastre del interés para la defensa
La industria militar
Valores y peligros
El gran contaminador
Principales problemas

III Luchar contra el militarismo
¿Qué es el antimilitarismo?
El antimilitarismo, una lucha inespecífica
El antimilitarismo, una lucha interconectada
El antimilitarismo, una lucha específica
¿ONG, centro de investigación, activismo social?
¿Partidos antimilitaristas?

IV Conexión del antimilitarismo con otras luchas sociales
Conexión del militarismo con otras dimensiones del colapso
Interrelación de las alternativas
¿Por qué es tan débil la respuesta al militarismo?

V Herramientas de lucha para la desmilitarización
Desarme, pacifismo institucional y antimilitarismo
¿Necesitamos una defensa alternativa al militarismo?
¿Un transarme alternativo dentro de la lucha por la desmilitarización
social?
Medios de lucha del antimilitarismo

VI Final

LUCHAR CONTRA EL MILITARISMO

[Extraído de Manual para entender el militarismo (y luchar por la desmilitarización)]

Si hemos calificado y repasado el militarismo como un mal sin paliativos, el antimilitarismo es, por encima de todo, una expresión y una aspiración de superarlo (y más ampliamente de transformar el paradigma dominación-violencia desde el que se construye) por medio de la acción colectiva y mediante una dinámica de quitarle poder en todos sus espacios, a la vez que de empoderar una alternativa colectiva y popular para cada uno de ellos.

Más allá de consistir en una postura moral, o un comportamiento ético, o una opinión acerca del estado del mundo y el papel de la guerra y su preparación, o un deseo sin más de cambio, el antimilitarismo viene acompañado de una apelación a la conciencia personal y colectiva como herramienta de acción directa en la lucha política para negarle nuestra parte de colaboración al militarismo. Parte de un imperativo movilizador que impele y compromete a la acción-reflexión para promover la desmilitarización y la transformación del paradigma dominación-violencia.

De tal modo, no hay antimilitarismo si 1º) no hay primero apelación individual, al “yo-político” personal, para no doblegarse al militarismo ni sobre-obedecer (no siempre e incondicionalmente se puede desobedecer plenamente) sus imposiciones, y, 2º) en un segundo paso, debe impeler a la lucha social colectiva por la desmilitarización, 3) aspirar a una propuesta de una alternativa profunda al militarismo y 4) convocarnos al empoderamiento colectivo de y con la gente normal (en pie de horizontalidad y sin delegación) frente al militarismo. Necesita del cultivo de la conciencia y los procesos de concienciación como poderosos motores para impulsar estas luchas y de la no colaboración como herramienta principal de acción política y social.

Como con otras realidades sociales, existe una evidente dificultad de definición de una lucha social en construcción constante frente a un “enemigo” en evolución continua: ¿Estamos ante una ideología? En ese caso, ¿de qué tipo? ¿Estamos ante una mera expresión natural de rechazo a las imposiciones del militarismo? ¿ante una sensibilidad ética personal y más o menos espontánea? ¿más allá de esto, es una dinámica de movilización? ¿llega a ser un “movimiento social”? ¿de tipo sectorial? ¿multisectorial? ¿global? ¿es algo diferente de un movimiento social de la sociedad postindustrial en sentido clásico? En tal caso ¿de qué tipo de movimiento hablamos? Su calificativo como “anti” ¿lo convierte en una propuesta reactiva y de mera resistencia? ¿aporta propuestas y alternativas? ¿incorpora una metodología determinada? ¿ofrece una apuesta de cambio gradual? ¿solo reformista? ¿es una apuesta romántica en favor de una entelequia imposible?

Históricamente, la resistencia al paradigma dominación-violencia ha ido pareja a la imposición del militarismo y ha alcanzado múltiples expresiones, tanto sociales y políticas, como culturales, éticas e incluso estéticas. Muchas de ellas, la mayoría, nos resultan desconocidas o han sido ninguneadas [139], pero la historia de la resistencia se puede rastrear, entre renglones torcidos, incluso de los documentos oficiales más solemnes: ¿Cómo es posible que, durante más de cinco siglos, uno tras otro, los reyes que hemos padecido en España hayan legislado imponiendo penas a los que rehusaban el ejército, o a los que ayudaban a eludir ese sangriento impuesto de sangre y armas; leyes que recordaban y ratificaban sus anteriores leyes represivas? Tal vez no había, o no ha quedado recuerdo, movilizaciones organizadas contra este desafuero, pero es evidente la negación popular a sus imposiciones. La cantan los cuentos y canciones, aparece emboscada en la literatura, se encuentra descrita en autos y sentencias… ¿No se han practicado metodologías alternativas de resolución de conflictos exitosas que han evitado las guerras o la violencia en tantos siglos de evolución humana? ¿por qué no se pone el acento en ello y sí en la sucesión de guerras y batallas? Cada guerra que se desencadena, ahora lo podemos seguir mejor porque hay información, ha dado lugar a enormes masas de desertores de las guerras, ha creado miles de refugiados que no aceptan su lógica y se desplazan, ha supuesto el nacimiento de redes de solidaridad y autoayuda. La propia guerra civil española, tan ensalzada en su épica militarista por uno y otro bando, mantuvo llamamientos a filas de más de cinco millones de jóvenes que, teóricamente, combatieron con ardor contra su enemigo, pero en realidad, solo se incorporó algo menos de la mitad de los llamados al combate. ¿Qué ocurrió con los más de 2.500.000 reclutados que no acudieron a la llamada al frente? Y ello sin contar con los incorporados “a la fuerza” [140], los que consiguieron “inutilizarse” de algún modo, “excluirse”, marcharse a tiempo…

El antimilitarismo se ha presentado como una opción personal y ética, movilizadora de energías personales de “fuga” o de oposición, pero también como una alianza de esfuerzos colectivos, y desencadenante de diversas estrategias de rechazo a las imposiciones militaristas. En gran parte cuenta con amplia capacidad de contagio en acciones de autoapoyo y de solidaridad con las víctimas del militarismo o entre los propios antimilitaristas ante la represión de sus reivindicaciones, incluso en situaciones tan abrumadoras como la de los desobedientes israelíes o sirias frente a la guerra desencadenada por sus terroríficos ejércitos, o la de los objetores turcos o marroquíes frente al apabullante militarismo de sus Estados, o la más arriesgada deserción de tantos y tantos llamados a engrosar las filas de los ejércitos en las innumerables guerras vigentes o pasadas.

El paso a dinámicas de movilización mayores, unas más reactivas y de respuesta directa ante la guerra o el reclutamiento, pero otras frente a diferentes imposiciones del 80

paradigma dominación-violencia de un calado más estratégico o difuso, o de lucha contra sus causas, ya sea contra la preparación de la guerra, contra su financiación, contra la construcción de armas, contra la violencia estructural, o en pro de valores alternativos, ha sido recurrente en la historia.

Según los contextos y épocas, han existido dinámicas de movilización de todo tipo, incluso hasta llegar a construir movimientos políticos de lucha con una tremenda capacidad de impacto y de cambio social, como ocurrió en EEUU en contra de la guerra de Vietnam, en la Europa occidental contra la carrera de armamentos en los años 80, la insumisión en España, o la lucha contra las diversas guerras de finales del siglo XX y XXI en prácticamente todo el planeta.

No vamos a hacer aquí un repaso a estos logros, flujos y reflujos. Pero sí a señalar que, en lo que respecta a España, venimos de un momento álgido ocurrido a finales del Siglo XX, en que el antimilitarismo consiguió constituirse en un verdadero desencadenante de movilización de amplia base activista y muy diversificado e interconectado con otros movimientos e ideologías. Un movimiento que protagonizó una respuesta novedosa desde la desobediencia civil de tal envergadura que rompió con uno de los tabús principales de nuestra sociedad militarizada, el servicio militar obligatorio (“un deber y un honor” en el Fuero de los Españoles [141] de época franquista), mediante esta estrategia noviolenta de lucha política.

Tras el fin del servicio militar obligatorio, nuestro antimilitarismo perdió esta posición fuertemente movilizadora y hoy sus integrantes, su agenda de propuestas y su dinámica de acción no puede entenderse, por desgracia, como movimiento tan dinamizador como antaño y, como en otras ocasiones, se ha atomizado y dispersado, manteniendo meritorias luchas y referentes de contraste.

Paradójicamente esto ocurre cuando el militarismo se expande y adquiere tintes más preocupantes, tal como hemos explicado en las páginas anteriores, y cuando sus efectos nefastos comienzan a ser suficientemente evidentes como parte del gran colapso sistémico que amenaza a nuestro planeta. También cuando nuestro conocimiento de este es mucho mayor y por tanto las capacidades potenciales de construir luchas más potentes contra el mismo mucho más afinadas e informadas.

El propósito de este texto es animar a un activismo antimilitarista que hoy falta y alentar al mismo, superando nuestro estado de postración y revolucionando nuestro modo de militancia para desencadenar, de nuevo, dinámicas de movilización, sensibilización y cambio social al alcance de la mano pero que el sistema se encarga de repetirnos que son meras quimeras.


Notas

139    Podemos trazar con cierta precisión una historia de la guerra y contamos con cientos de páginas al respecto (por todos citemos el texto de Ian Morris Guerra, ¿para qué sirve? ya citado, o el más clásico de John Keegan Historia de la guerra publicado en Turner en el año 2014, pero no se conoce con igual intensidad una “historia de la paz”.

140    CORRAL, P. Desertores. Los españoles que no quisieron la guerra civil. Almuzara 2017.

141    BOE 199, de 1945, páginas 358-360.

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