Rutas migratorias y rutas de comercio de armas ¿una coincidencia?

 

Con la colaboración de En Pie de Paz, inicio con la publicación de este texto una serie de reflexiones en distintas entregas consecutivas a petición del Colectivo Mambrú, integrado en la coordinadora de ese nombre (surgida a raiz de las movilizaciones contra la guerra de Siria realizadas en diciembre de 2016), y uno de los grupos antimilitaristas con mayor solera en el panorama antimilitarista actual.

No sé siquiera si responderé de alguna forma al reto que me plantean, el de descubrir puntos en común entre dos realidades sociales, militarismo y migración forzada, y dos luchas necesarias, antimilitarismo y lucha migratoria, que mutuamente se pueden aportar y se necesitan.

Con toda la prudencia de quien ha militado en ambos lados, intento ofrecer algo de mi reflexión con la idea de que pueda al menos suscitar debates y sugerir otras ideas mejores.

Vamos a ello.

Juan Carlos Rois.

Hay dos rutas, ambas de ida y vuelta, que aterran.

La primera, en su camino de ida, parte desde el Norte, vendiendo armas, hacia el Sur, que las compra. Y, en su camino de regreso, envía ingentes cantidades económicas, en forma de pagos en metálico, compromisos de pago, deuda cautiva y materias primas, que parten del Sur hacia el norte, el cual se lucra doblemente de este gran negocio armamentista.

1.- La ruta de “ida y vuelta” Norte / Sur de las armas.

Si acudimos a las estadísticas que ofrece el SIPRI en su informe del año 2018, titulado “Armaments, Disarmament and International Security” (hay resumen en español) podemos verificar esta distribución en una primera aproximación:

Principales Exportadores e importadores de armas 2013 - 2017 Fuente: SIPRI

 

a) Mapas de esta ruta

La podemos observar con dos mapas que hemos elaborado usando las estadísticas del SIPRI para el período de 2010 a 2017. El primero establece la ruta de los principales países exportadores, situados en el “Norte” (Australia e Israel forman parte de este concepto geoestratégico de Norte y son igualmente destacados protagonistas) hacia el Sur más pobre.

Gráfico propio basado en datos SIPRI. Clicar para ampliar.

La segunda establece el protagonismo de los principales “receptores de estas transferencia de armas y en este caso destaca que el volumen de transferencias hacia el Sur geoestratégico, particularmente África y oriente medio, sin olvidar India-Pakistán) es abrumador.

Gráfico propio sobre dayos SIPRI. Clicar para ampliar.

No cabe duda que esta ruta de ida y vuelta explica en parte (ninguna explicación es tan simple como para explicarlo todo por sí como única causa) la conflictividad mundial desde el punto de vista militar y de la seguridad “armada”, pues gran parte de los grandes demandantes de armas son, a la vez, los Estados y actores (SIPRI contempla en sus estadísticas otros actores no estatales que también compran armas y participan en conflictividad armada) implicados en los principales focos de conflictividad geoestratégica, guerras, conflictos, como es el área del creciente fértil, golfo pérsico, Magreb-mediterráneo, zona subsahariana, frontera rusa y el índico.

Aunque esto es avanzar demasiado sobre nuestro análisis, si comparamos este mapa con el que arroja el  índice global de paz, del Institute for Economics and Peace  o de seguridad humana del PNUD,  comprobaremos también que mucho tiene que ver con los principales países de peor índice de paz, o como preferimos nosotros calificarlos, de mayores violencias, entendiendo por éstas no sólo la violencia directa, sino la estructural, cultural y la “sinérgica” (suma exponencial de todas las violencias creando una espiral, un círculo vicioso que las hace difícilmente abordables):

 

b) Redes estables de ida y vuelta

Una característica de esta ruta, como decimos, es que distribuye diversos “beneficios/perjuicios” tanto en el camino de ida de las armas desde el Norte al Sur, como en el de vuelta de su venta desde el Sur hacia el Norte.

Crear una “red” estable para la venta de armas implica dar muchos pasos en múltiples direcciones para generar esa especie de puente de transferencia desde el punto de partida hasta el de destino, como por ejemplo,

a) Desde el lugar de “origen” de las armas:

  • contar con una industria militar potente,
  • contar con tecnología para su fabricación
  • generar redes comerciales y clientelares,
  • desarrollar una política comercial
  • establecer lobby que engrasen negocios tan sofisticados,
  • disponer de una estructura financiera que pueda soportar las operaciones de producción de los sistemas de armas encargados
  • disponer de instrumentos para la financiación de su adquisición por los destinatarios, establecer alianzas comerciales y políticas con posibles países clientes
  • fomentar alianzas con otras industrias militares de cara a sobrevivir en el mundo competitivo de este sector
  • conseguir leyes favorables a un negocio tan poco transparente y tan delicado
  • y contar con el principal estímulo a los encargos de armas por parte de posibles clientes: la pretensión de los destinatarios de amenazar o de valerse de ellas en caso de ser oportuno para sus intereses, lo cual implica un clima de “inseguridad” ficticia o real frente a “enemigos” (que también pueden ser ficticios o reales) tanto internos como externos.

Para el negocio de las armas el engrase definitivo y el mercado óptimo es el que se produce en situaciones de conflictividad que estimulen una especie de carrera de armamentos, por lo que este sector necesita promover, o que alguien promueva, el conflicto y la amenaza de guerra.

A la construcción de toda esta gran estructura suele llamársele “complejo militar-industrial”. Construir un complejo militar-industrial es una aspiración de los grandes países del Norte. El más grande de todos es el complejo militar-industrial de EEUU. Del peligro del mismo alertó el propio expresidente de EEUU, Dwight Eisenhower, en 1961 al acabar su mandato presidencial, en plena carrera armamentística entre las superpotencias del momento:

En los consejos de gobierno, debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo militar-industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y éste riesgo se mantendrá. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos.

Por lo que respecta a la Unión Europea, cuenta en conjunto con un volumen de ventas anuales de 97.300 millones de euros y 500.000 trabajadores involucrados en la industria militar (según la ficha técnica elaborada por Frederic Gouardderes para la UE y que aparece en la página web del Parlamento europeo (http://www.europarl.europa.eu/thinktank/es/search.html?word =defence).

Construir un “complejo” propio es un objetivo ya antiguo y que cuenta con diversos instrumentos para favorecerlo, como son

  • la creación de una Agencia Europea de Defensa en el año 2004 y que actualmente cuenta con funciones tanto de coordinación de las industrias militares de los 27 estados participantes (todos los de la UE menos Dinamarca), la coordinación y canalización de la política militar europea y de sus intervenciones en el exterior, y acuerdos de armamento con “terceros” países (Noruega, Suiza, Serbia, Ucrania).
  • La participación de las industrias de Defensa en los fondos europeos destinados a I+D, hasta la cantidad de 500 millones de euros del presupuesto europeo vigente hasta 2020.
  • La creación de un Fondo Europeo de Defensa en el próximo presupuesto (2021-2027) de hasta 13.000 millones de euros para cofinanciar con las industrias militares y países europeos proyectos industriales de defensa.
  • El estímulo de grandes consorcios europeos de las industrias militares, como es el consorcio EADS (hoy AIRBUS) construido con participación de industrias militares estatales de Francia, Alemania e Italia.

España por su parte, y explícitamente desde Morenés como ministro de Defensa, aspira también a construir su “polo” militar industrial sobre la base de las principales empresas militares controladas de facto por el Estado: NAVANTIA, INDRA, AIRBUS y el INTA.

 

b) Desde el lugar de “destino”

De forma paralela, el lugar de destino requiere también ciertas condiciones para la adquisición de las armas

  • contar con riqueza o recursos finales que aseguren que pueden pagarlas
  • contar con una estructura militar que asegure su uso y mantenimiento
  • contar con un marco normativo seguro para los contratos de armamento
  • establecer redes financieras para la adquisición, ya sea porque
    • tiene dinero o recursos disponibles e inmediatos con los que comprarlas,
    • ya porque puede acudir a los mercados de crédito para pedir préstamos y emitir deuda fiable
  • contar con alianzas y garantías para acceder a los mercados de armas
  • no contar con una oposición interna capaz de dificultar o impedir este tipo de negocios
  • también desde el punto de vista del comprador, recurrir al miedo, a la amenaza y a la idea de enemigo es un poderoso estímulo para la adquisición de armas y el fraguar alianzas favorables a los intereses de los países vendedores un recurso habitual.

Si hacemos caso de los informes del experto independiente de Naciones Unidas sobre la Promoción de un Orden Internacional Democrático y Equitativo, Señor Alfred de Zayas, la venta de armas es hoy en día, junto con el gasto militar, uno de los principales obstáculos para la promoción de un orden internacional conforme a la Carta de Derechos Humanos de la ONU.

 

c) Círculos viciosos

Se ha especulado desde los círculos de interés relacionados con la industria militar que ésta es necesaria y aporta, entre otros beneficios nada desdeñables para los países “de origen” de la venta de armas, riqueza, seguridad, que es un bien inmaterial e intangible pero innegablemente necesario, desarrollo tecnológico e industrial, puestos de trabajo de alta calidad, ventajas competitivas respecto de otros países, retornos en términos de impuestos y desarrollos que pueden ser usados por las industrias civiles, y crecimiento económico.

También desde el punto de vista de los países compradores se enfatizan aspectos como la modernización de sus fuerzas armadas, el acceso a nuevas tecnologías que pueden impulsar su propia industria, el atender a las necesidades propias de defensa, o la faceta de seguridad que aportan los sistemas de armas sofisticados.

Aunque es discutible que la idea de desarrollo, seguridad y riqueza que esconden estos argumentos sea en realidad el tipo de desarrollo, seguridad y riqueza al que el género humano debe aspirar, no me voy a centrar en argumentar desde este punto de vista, sino a destacar que la ruta de ida y vuelta de este negocio genera elocuentes perjuicios y construye una especie de círculos viciosos que alimentan una espiral de problemas que refuerzan cada vez más el militarismo e impiden una salida “virtuosa” de esta situación.

Estos círculos viciosos son igualmente dobles, uno para los países exportadores y otro para los que adquieren estas armas.

Por el lado de los países de origen, la construcción de  verdaderos complejos militar-industriales implica en primer lugar el establecimiento/consolidación de grupos de presión económica-financiera-militar-política que realizan el trabajo de lobby indeseable del que Eisenhower alertaba, y en nuestro caso ha dado lugar a la perversión de las puertas giratorias que han tenido la capacidad de generar una deuda militar interna de más de 40.000 millones de euros por adquisición de armas, o de imponer a la casta política contratos de exportación de armamento a países canallas como Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y otros implicados en verdaderas atrocidades.

Implica también ingentes estímulos y subvenciones para el fortalecimiento de este sector tan intensivo en necesidades de capital en sus proyectos y prototipos y tan chapuceros en sus resultados finales (la mala calidad de la industria militar es conocida y de ella se ha hecho eco en el pasado Utopía Contagiosa y más recientemente yo mismo en las colaboraciones que mantengo con el blog del grupo antimilitarista Tortuga)  y que necesitan el tirón de la exportación masiva para su sostenimiento.

Limita la inversión en I+d+I de otros sectores socialmente más útiles y necesarios dado que éstos tienen que compartir dicha inversión con una industria militar con un poderoso lobby que acapara una gran parte de esta inversión dada la alta rentabilidad de la venta de armas.

Genera además dependencia interna de las comarcas donde esta se radica, provocando una especie de “monocultivo” militar (que por cierto no es intensivo en empleo ni tampoco ofrece retornos importantes) que lastra el desarrollo de estas regiones y las condiciona a los intereses exportadores armamentistas.

Facilita la puerta de entrada a grupos especulativos y fondos de inversión buitres, dado que las necesidades de “financiación” de los proyectos de diseño y fabricación de armas necesitan capital ingente (y ofrecen cuantiosos beneficios) que condicionan también el modelo de inversión de los estados vendedores.

Fomenta la implicación de la banca en la financiación de la industria militar y de su resultado final en términos de guerras y carreras de armamentos) y la construcción de una banca armada que desnaturaliza el papel social de la banca en sociedades que aspiran a la justicia y restringe la apuesta de ésta por sectores “limpios” y un desarrollo alternativo. En nuestro caso, la banca armada española ha sido denunciada por diversas campañas específicas.

Altera las prioridades sociales (cañones o mantequilla) en su beneficio, pero dudosamente en el de las sociedades que lo soportan.

Conlleva por tanto un alto coste de oportunidad y una desatención de las necesidades sociales.

Promueve una ficticia demanda de seguridad militar y procesos securitizadores de expansión del militarismo hacia funciones y espacios sociales mayores, lo que ayuda a la construcción por parte de las élites de mayores políticas e instrumentos de control social y de sesgo autoritario que se vienen imponiendo en las sociedades del norte.

Detrae recursos de las necesidades sociales y aumenta el gasto militar y de las políticas de control socia, pues la industria militar, entre sus características, ofrece pocos retornos sociales en términos de trabajo, impuestos o transferencias tecnológicas o científicas (más bien se aprovecha de la tecnología y la investigación ajena y mal pagada que adquiere a precios irrisorios)

Coadyuva a una visión del crecimiento insolidaria, insostenible e indecente (pecunia non olet) que no tiene en cuenta más que el lucro monetario y el beneficio de unos pocos.

Y por último, refuerza la industria militar, generando un verdadero círculo vicioso.

El círculo vicioso también se produce en los países de “destino” de las armas.

Para empezar, el país receptor necesita contar con un aparato militar suficientemente importante y capacitado para adquirir esos sistemas de armas.

Debe contar con un marco normativo que garantice suficientemente a las industrias militares vendedora los compromisos de proporcionar armas

Debe contar con recursos (materias primas, riquezas de otra índole, dinero o capacidad de endeudamiento) suficientes para respaldar estas compras

Normalmente el efecto inmediato será el aumento sostenido del gasto militar para la financiación de los pedidos de arma a medio y largo plazo, ya sea aumentando los propios presupuestos militares o mediante la creación de partidas especiales de gasto destinado a sufragar este tipo de encargos.

Un efecto perverso del sistema suele ser la introducción de mecanismos de corrupción y soborno en la negociación de este tipo de contratos. También en los países de “destino” operan los lobbies propios y los de las industrias militares.

Dado que las armas tienen un coste muy elevado, se proporcionan en períodos normalmente largos de tiempo y pasan por diversas fases de gasto previos a la entrega (prefinanciación, diseño, fabricación, en su caso añadidos y mejoras, entrega) los pedidos se garantizan a las industrias militares con financiación a largo plazo y mediante créditos en el mercado internacional o a costa de deuda, lo que a la larga genera dependencia.

En un escenario de recursos escasos, la adquisición de estos sistemas se realiza en detrimento de otras necesidades sociales, lo que, a su vez, potencia un círculo vicioso propio de empobrecimiento social y vulnerabilidad de las personas y sociedades.

La adquisición de sistemas de armas provoca normalmente la escalada en países limítrofes que se pueden sentir amenazados por el poder militar del vecino.

Se produce una verdadera transferencia de capital y riqueza desde el Sur de “destino” al Norte de “origen”.

Para consolidar el mercado armamentista los países de “destino” armamentista del Sur intentan amarrar acuerdos políticos y alianzas militares con los países de “origen” que consolidan políticas geoestratégicas militarizadas y dependientes.

La escalada que suele producirse en estos ciclos armamentistas provocan una constante renovación del material militar y nuevos pedidos de armas.

Estos dos círculos viciosos se retroalimentan y generan una espiral que provoca transferencia de riqueza del sur al norte y endose de conflictos y dominación del Norte al Sur mediante una especie de vórtice creciente de militarismo inducido y de conflictividad provocada para conseguir mayor lucro y poder del Norte rico.

Es por eso que se ha venido diciendo que la guerra y su perpetuación por otros medios es el negocio principal de la industria militar y una de las herramientas más poderosas de la geopilítica propia de nuestro paradigma de dominación y violencia.

En estas circunstancias no es extraño que la ONU haya declarado en diversas ocasiones el nefasto papel del gasto militara y de las industrias de armas para el desarrollo mundial y para el objetivo de lograr un orden justo y democrático, enfatizando el papel esencial de una transferencia desde el actual gasto militar a fines sociales como una de las medidas necesarias para desatascar la grave situación planetaria.

Imagen destacada:
Tjeerd Royaards

Próxima entrega:
Militarismo y migarción forzada (II): La ruta migratoria Sur/Norte