La ruta Sur/Norte de la migración mundial.

De un total de 740 millones de inmigrantes (tanto internacionales como desplazados e interiores) que consigna la OIM en su “Informe sobre las migraciones en el Mundo 2018”, hay 244 millones de personas (una de cada 30 personas del planeta) que son inmigrantes internacionales (frente a los 155 millones del año 2000).

Es cierto que la movilidad humana es muy compleja y viene motivada por circunstancias diferentes (turismo, estudios, inversiones, migración económica, deseo de cambio, causas climáticas, amor, conflictos y guerras, una mezcla de razones, etc.) y no siempre traducibles a categorías simples o a causas unívocas. Por otra parte, al menos un tercio del impacto migratorio global se produce entre países del Sur hacia el propio Sur y una nada desdeñable proporción entre países del Norte entre sí.

Así y todo, dado el proceso de globalidad capitalista del mundo, con sus irresueltos problemas de falta de gobernabilidad global, dominación y violencia estructural y cultural y riegos de sostenibilidad ecológica, hace que, también la movilidad humana y las migraciones internacionales y su particular falta de regulación desde la perspectiva de los derechos humanos y del desarrollo, deban ser vistos desde el punto de vista de los “macroproblemas” globales.

Desde esta perspectiva, la ruta migratoria del Sur ultra-conflictuado o padeciendo guerra hacia el Norte ultra-fortificado constituye el segundo itinerario en el que me quiero fijar

.a) Aproximación a la migración y a la migración Sur/Norte.

La evolución de la inmigración internacional es espectacular. Precisamente por su enorme progresión y por la multiplicidad de causas, adquiere una dimensión política de primer orden en nuestro mundo. En general (y aunque tal vez estoy generalizando) es síntoma de que algo no funciona bien en el planeta para forzar a una migración tan masiva y creciente que en una gran cantidad de casos es provocada por una fuerte presión expulsora en los llamados “países de origen”. En mi criterio, por encima del derecho teórico de toda persona a migrar si le da la gana, debería garantizarse a escala planetaria el derecho de no tener que hacerlo de forma forzosa o casi forzosa y el derecho a que la migración que se realice se vincule, como decía el informe del PNUD de 2009, al desarrollo y a políticas que lo favorezcan, no a la vulnerabilidad y la explotación.

Podemos acudir al informe de la OIM sobre las migraciones en el mundo referido a 2018 para conocer los principales flujos migratorios del mundo ente 2000 y 2015.

Fuente: Informe OIM “sobre las migraciones en el mundo 2018”.

Dicho informe verifica, por lo que se refiere a las migraciones Sur/Norte un gran flujo de latinoamericanos a América del Norte y algo menor a Europa, otra ruta importante de africanos a Europa y algo menor a América del Norte y una tercera de africanos a Europa. Rutas que verifican un desplazamiento cada vez más generalizado desde un lugar con un muy bajo índice de desarrollo humano y un igualmente alarmante bajo puntaje en el índice global de paz, hacia otros con altos índices en ambos.

El reparto de esta migración que reflejan las estadísticas de la ONU, elaboradas por su “Departamento de asuntos Económicos y Sociales” -DAES- muestra una llamativa composición de los países receptores de inmigración.

Fuente DAES- ONU

El cuadro muestra la enorme proporción de migrantes que reciben los países del Norte, pero explica también la muy significativa migración Sur- Sur referida a países limítrofes de los principales focos de conflicto y guerras internas o interestatales, o de intervención militar de las diversas coaliciones militares (bajo bandera ONU; OTAN y UE principalmente). Esto se explica por la tremenda presión de la guerra y la violencia estructural y la mayor facilidad de migrar a los países cercanos que a los más lejanos.

Por otra parte. el impacto de esta migración, conforme los daros de la ONU; nos acaban de dar una imagen del panorama migratorio Sur/Norte

% de población migrante sobre población autóctona

Fuente: ONU

A la hora de buscar un hilo conductor a esta enorme masa migrante Sur/Norte, y aún sabiendo que la generalización no deja de ser una simplificación abusiva, no cabe duda del enorme impulso “expulsor” que constituye el impacto de la violencia global (violencia directa, estructural, cultural y sinérgica o efecto multiplicador de la interrelación de estas tres) en el Sur geopolítico del planeta, frente al impulso “atractor” que supone el Norte al respecto.

Pueden no ser la guerra y los conflictos o regímenes más brutales las únicas o principales razones de estos flujos expulsores, pues muchos de los países del Sur no están en guerra o no sufren este tipo de conflictividad política (también porque las razones personales para migrar no tienen por qué asociarse sólo a este tipo de motivaciones) pero no cabe duda que el contexto de lo que vamos a llamar para simplificar “violencia global” (entendida como violencia estructural y cultural, injusticia global e incumplimiento de condiciones de desarrollo sostenible y justo) y su mayor impacto en el Sur es un verdadero factor expulsor.

Nada como comparar los índices de desarrollo humano de los países y regiones “expulsoras” o las correcciones de otros índices como el “índice de paz global”, por ejemplo, para llegar a esta conclusión de vinculación, al menos como una causa más, del carácter expulsor de la violencia global generada por nuestro “sistema mundo” con la migración Sur/Norte. También lo afirman, aunque procurando enfatizar los aspectos positivos de una migración ordenada, los informes de la ONU y de la OIM.

Así por ejemplo, leemos en el Informe de la OIM ya señalado sobre 2018 que

La migración está intrínsecamente relacionada con la geopolítica, el comercio y los intercambios culturales, y ofrece a los países, las empresas y las comunidades la oportunidad de beneficiarse enormemente de ella. La migración ha contribuido a mejorar la vida de las personas tanto en los países de origen como en los de destino y ha brindado a millones de personas en todo el mundo la oportunidad de forjarse una vida segura y plena en el extranjero. Sin embargo, no todos los movimientos migratorios se producen en circunstancias favorables. En los últimos años, hemos observado un aumento de las migraciones y los desplazamientos provocados por conflictos, persecuciones, situaciones de degradación y cambio ambiental, y una acusada falta de oportunidades y seguridad humana

 

O en el del PNUD en su informe sobre Desarrollo Humano 2009, “movilidad y desarrollo Humano” donde se dice:

… en general la gente se traslada por voluntad propia a lugares donde las condiciones son mejores. Mas de tres cuartas partes de los migrantes internacionales se dirigen a un país con un nivel de desarrollo humano superior al de su lugar de origen. No obstante, estas personas enfrentan restricciones considerables tanto debido a las políticas que obstaculizan su entrada como a los recursos de los que disponen para realizar el cambio. (…) De hecho, tanto la historia como las cifras contemporáneas sugieren que el desarrollo y la migración van de la mano

 

Aunque sea anticiparme sobre un aspecto que trataremos más ampliamente, la prueba de algodón de la vinculación de  la migración Sur/Norte con la violencia global que impulsa nuestro modelo de globalización capitalista (y cuyo principal promotor es el Norte rico y su creciente estrategia de dominación-violencia) es que el enfoque de las políticas migratorias ha pasado a ser una de las principales preocupaciones de las políticas de seguridad y defensa, dando lugar a nuevas orientaciones estratégicas en EEUU (introducción de la idea de seguridad cooperativa y de planes de apoyo militar a países de su frontera y su “frontera avanzada”, máximo impulso al tema migratorio con el refuerzo de las estrategias de “homeland security” y “Preventive Action”) como en Europa (con similares cambios doctrinales de remilitarización de la frontera exterior, acciones militares de control y prevención migratorios, acuerdos con países tapón e impulso de una abrumadora política securitizadora en materia migratoria).

b) Rutas migratorias y refugiados

Del enorme volumen de migrantes internacionales sólo 22´5 millones (el 51% menores de 18 años y el 49% mujeres) responden para la ONU y ACNUR a la categoría de “refugiados” (otros 40´5 millones de personas son refugiados internos), si bien, como la OIM reconoce, es muy complicado otorgar categorías estanco a una migración en general impulsada por motivaciones de diversa causalidad donde la conflictividad de los países “expulsores” es una nota común, y se mezclan razones de esta conflictividad en muchos “inmigrantes económicos” de países del Sur no estrictamente en guerra.

De nuevo acudimos a los datos de la OIM describiendo las principales rutas migratorias planetarias vinculadas a refugiados tanto políticos (conflictos y guerras) como climáticos.

Afirma el informe de la OIM para 2018 al que antes nos hemos referido que

 

“Los diez principales países de origen de refugiados —la República Árabe Siria, el Afganistán, Sudán del Sur, Somalia, el Sudán, la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Myanmar, Eritrea y Burundi— representaban aproximadamente 13,5 millones o el 79% de los refugiados que a finales de 2016 se encontraban bajo el mandato del ACNUR. Muchos de estos países han sido durante al menos cinco años las principales fuentes de refugiados.”

En un segundo gráfico podemos observar el mismo número, igualmente referido a 2016, ahora catalogados por país de acogida

No podemos dejar de recordar las condiciones y consecuencias de esta migración, que se produce en situaciones de máximo riesgo y vulnerabilidad, asociada a extorsiones, secuestros, violencia, tratos degradantes y asesinatos, principalmente de mujeres y niños, de las que la prensa, ciertamente de modo sensacionalista y simplista muchas veces, se hace eco. Tampoco podemos dejar de señalar que este tráfico se realiza superando restricciones brutales y políticas de seguridad cada vez más visiblemente enfocadas desde la óptica militarista y de la seguridad militar, y que las condiciones de “integración” de esta población tan vulnerable (una gran mayoría pasa a ser inmigración irregular) potencia cadenas de explotación que aprovecha la vulnerabilidad de estas personas y de la que se aprovechan empresarios insaciables del Norte rico. Tampoco podemos dejar de recordar la vinculación de esta migración vulnerable a la aparición de mafias de trata de personas, y a otras rutas preocupantes, como la del tráfico Sur/Norte de droga y narcotráfico, comercio ilegal de materias “de sangre” (diamantes, productos estratégicos, tierras raras, etc.) o el tráfico ilegal de armas, por ejemplo, todas ellas con curiosas conexiones.

c) Círculos viciosos

Siguiendo el esquema que hemos utilizado al referirnos a la ruta Norte/Sur de venta de armas, podemos establecer una serie de procesos que se conectan en la ruta migratoria Sur Norte y que construyen círculos viciosos.

Estos procesos tienden a potenciarse mutuamente, generando verdaderas resistencias e intereses creados que dificultan, cuando no impiden, romper estos círculos y crear cadenas de círculos virtuosos.

Por su parte, Esta migración también desencadena una cadena perversa de procesos que los países del Norte no abordan políticamente generando círculos virtuosos y que en parte explica el gran repliegue renacionalizador y racista de las políticas migratorias que el Norte viene fortaleciendo.

No me quiero extender ahora en muchas de las ramificaciones de estos círculos viciosos. Esperaremos a que la investigadora Isolda Perelló, verdadera especialista en la materia, las acabe de desgranar en la investigación que plasmará en su ya casi conclusa tesis doctoral y otros trabajos para caracterizar más profundamente esta endiablada mezcla de políticas de enfoque militar y migración y movilidad humana. No en vano me ha proporcionado una muy deleitosa bibliografía al respecto que he tenido en cuenta para intentar simplificar lo más posible este apartado.

Sí señalar que en gran parte de los peldaños procesuales que se dan en los círculos viciosos de ida y vuelta se genera un ramillete de intereses y de negocios, tanto lícitos como ilícitos, que a su vez refuerzan el mantenimiento de las propias dinámicas viciosas del flujo migratorio (hemos puesto en rojo en el segundo de los ciclos viciosos algunos de los puntos más esenciales de este negocio.

De alguna manera, la relación migratoria Sur Norte genera un doble proceso de transferencia de recursos de ida y vuelta. El Sur transfiere en el viaje de ida principalmente personas que, como el PNUD explica en sus informes, son un recurso positivo (y generalmente injustamente explotado) para la riqueza del Norte, y recursos no desdeñables a las redes negociales (muchas ilegales) que pueblan viciosamente el viaje de ida, mientras que el Norte descapitaliza en sentido amplio al Sur.

Por su parte los migrantes asentados en el Norte, en su esfuerzo de ayuda a sus familiares, remite remesas (principalmente destinadas al consumo mas primario y de mera subsistencia de sus familiares) al Sur (que de nuevo introducen en el ciclo económico más riqueza en las cadenas económicas del norte por medio de las comisiones de las remesadoras y bancos del norte) y refuerzan la economía del Norte contribuyendo (generalmente a precio muy barato) al consumo y a los impuestos y prestaciones sociales del Norte.

De este modo el Sur y sus migrantes son una fuente de riqueza doble para el Norte en su camino de ida y vuelta y refuerza a su vez los mecanismos institucionales (normalmente condicionados por el Norte y como sabemos por otros datos fuertemente endeudados con el Norte) de los países de donde se han visto obligados a salir, fortaleciendo económicamente, como decimos, el flujo vicioso Norte/Sur


Imagen destacada: Stringer Turkey/Reuters/Kadir Celikcan

Lee el artículo anterior de esta serie de cuatro:
Militarismo y migración forzada (I): Hay dos rutas