La noviolencia en Siria ha sido intencionadamente silenciada en los distintos relatos que sobre lo acaecido en ese país han difundido quienes sólo quieren hablar de geoestrategia y no confían en la propia capacidad de los pueblos, de las gentes, para tomar las riendas de su propio destino.

Lo explicábamos así en esta misma web en 2018, con motivo de las presentaciones del libro «Informe del movimiento noviolento sirio», de ediciones Nefoé:

Ignorado por los medios de comunicación y su fetichismo de la violencia armada, por partidos u opciones políticas que anteponen ideología e intereses geoestratégicos al respeto a la vida, la paz y los Derechos Humanos, el movimiento noviolento sirio desbordó las calles en marzo de 2011 pidiendo libertad y dignidad, y floreció en innumerables iniciativas sociales, políticas, comunicativas, artísticas, etc., acabando con el «reino de silencio» que fue Siria hasta entonces.

Honremos su memoria, aprendamos de su determinación noviolenta en la peor situación imaginable, apoyemos a quienes aún hoy sostienen la vida y la convivencia y las protegen de la violencia extrema del régimen sirio y del fanatismo.

Hoy damos, por tanto, una merecida y entusiasta bienvenida a una reciente publicación que da de nuevo voz, y la relevancia que merecen, a quienes actuaron, y actúan, desde la noviolencia en Siria y fuera de ese país, traduciendo un artículo del actual Diari de Barcelona, ahora uno de los primeros medios digitales diarios de una universidad pública europea llevado por estudiantes de periodismo. Se trata de una entrevista a Oriol Andrés, autor del libro Síria, els rostres de la revolució, de Ara Llibres, que pronto espera contar también con una edición en castellano.

«En Siria no hay nada: ningún intento de reconciliación, ningún intento de reparación»

POR JAN PUIG

PUBLICADO EL 11 DE MARZO 2024

El periodista y documentalista Oriol Andrés Gallart (Barcelona, ​​1982) lleva más de una década cubriendo Oriente Próximo, y ha vivido buena parte de este tiempo en Beirut (Líbano). Ha estado en el equipo de TV3 en la región y ha sido corresponsal de la Cadena SER. Es miembro fundador del colectivo de periodistas Contrast y cooperativista de La Directa.

Ahora presenta su nuevo libro: Síria, els rostres de la revolució (Ara Llibres, 2024). Se trata de una recopilación de testimonios y relatos de personalidades importantes en la revolución pacífica de 2011 en Siria, las cuales han sido silenciadas tras años de represión, terror y militarización del conflicto por parte del régimen de Bashar el Asad. A finales del verano de 2023, doce años después del inicio de las protestas, surge una nueva ola no violenta.

En este marco, el autor reivindica la importancia y enorme valentía de los movimientos noviolentos, en pasado y en presente. Y, sobre todo, no nos permite olvidar.


¿Cómo se afronta la responsabilidad de contar este tipo de conflictos y de historias?

Aquel libro decido empezarlo a hacer hacia los años 2016-2017. Nosotros ya estamos viviendo en Beirut, donde trabajamos como corresponsales para diversos medios, y allí conocemos a varios activistas sirios que viven en el exilio, que han decidido abandonar Siria para poder salvar la vida y poder seguir trabajando en el activismo. Son activistas civiles que habían comenzado en el 2011 con mucha ilusión y mucho entusiasmo en protestar, manifestarse y organizarse, y que ante la represión del régimen del Asad, se ven obligados a marcharse del país. En ese momento en que el conflicto se ha militarizado y estos activistas sienten, de algún modo, que les han robado la revolución.


«…se ha impuesto, de alguna forma, la retórica de las armas, lo que priman los medios de comunicación. Y, por tanto, a mí me queda una cierta sensación de deuda hacia estas personas activistas. Una sensación que es necesario reivindicar.»


¿Por qué?

Estas personas activistas tienen cada vez menos espacio en los medios de comunicación y también en los espacios de participación política a nivel internacional. Es decir, se ha impuesto, de alguna forma, la retórica de las armas, lo que priman los medios de comunicación. Y, por tanto, a mí me queda una cierta sensación de deuda hacia estas personas activistas. Una sensación que es necesario reivindicar. Que hay que reivindicar la memoria de quienes ya no están y que no se puede dejar la construcción del relato en manos de aquellos que han tomado las armas.

¿Cómo afecta a nivel de salud mental estar trabajando durante tantos años rodeado de conflicto?

Sin duda, tiene sus efectos y pasa su factura al estar rodeado de sufrimiento humano. Es decir, no diría que he hecho periodismo de guerra. Ocasionalmente he visitado situaciones de conflictos, pero no es mi objetivo. Mi objetivo, en general, es explicar cómo se organiza la sociedad civil, cómo es la respuesta de los movimientos sociales, cómo se vive la situación de refugiados, qué vulneraciones de derechos humanos se dan en contextos de conflicto o postconflicto. Pero mi objetivo está siempre centrado en la figura humana. No soy un reportero de guerra, pero sí hemos estado muy en contacto con el sufrimiento humano.

¿Y cómo lo gestionas?

Cada cual tiene sus mecanismos para intentar capear con las afectaciones que tiene recibir de primera mano todas estas historias. Un buen método o una buena vía para encauzarlo es compartirlo. Intentar darle sentido a tu figura de periodista. Es decir, intentar dar sentido al hecho de ser un transmisor de estas historias y que lleguen al mayor número de personas posibles. Luego cada uno recibe los apoyos que recibe. La acción colectiva es muy importante. No intentar llevar estas historias de una manera individual o quedártelas para ti, sino intentar enmarcarlo dentro de una acción colectiva. Y compartirla con otras personas colegas que pueden estar pasando por las mismas situaciones

Y, en este sentido, ¿cómo es la vuelta a Barcelona?

En nuestro caso, vivimos ocho años en Beirut, y al final se ha convertido en casa. Por tanto, cuando vuelves hacia aquí después de tantos años, Barcelona no es la misma ciudad que uno había dejado atrás, sino que como tú te has transformado, tu mapa de la ciudad también se ha transformado. En este sentido, por un lado, el regreso es cómodo porque, al final, vuelves a una ciudad muy acogedora y que no ha dejado de ser casa durante muchos años. Líbano es un país con muchas contradicciones, con muchas desigualdades, que sufre mucho

¿Cuáles?

Es una sociedad que no merece la clase de dirigente que tiene, es una sociedad que ha intentado luchar mucho por construir una sociedad más igualitaria, donde la ciudadanía tenga los mismos derechos mientras su clase política se ha dedicado a saquear el país, a vaciarlo. Ahora mismo podríamos decir que Líbano es un caparazón vacío. Sin embargo sigue siendo un país a camino de muchas culturas diferentes, es un país mediterráneo, donde confluyen muchas culturas, muchas tradiciones y muchas historias. 


«La lucha noviolenta en Siria en estos momentos, principalmente, se lleva desde el exilio»


¿En qué estado se encuentra actualmente la lucha noviolenta en Siria?

La lucha noviolenta en Siria en estos momentos, principalmente, se lleva desde el exilio. Podemos decir claramente que la vía armada no ha conseguido sus objetivos, que era derrotar al régimen. Y, en cambio, la senda de la resistencia civil se ha transformado. Es decir, actualmente, ha mutado en movimientos que piden justicia, reparación y verdad. Y esto sigue teniendo una gran potencia en el extranjero. Es decir en Alemania, en Francia e incluso en Reino Unido, existe una diáspora en red que actualmente está trabajando para construir una Siria alternativa, un país fuera del territorio. Es una Siria que además ya no es silenciosa.

Manifestantes llevando rosas en Baniyas. Fot. Syrian Freedom (CC BY 2.0). Imagen utilizada por la redacción de En Pie de Paz para ilustrar una colaboración con el blog Planeta Desarmado cuya primera parte lleva por título «Noviolencia en Siria: Daraya como ejemplo (I)«
¿Por qué?

Previo al 2011, Siria era un país que, según un famoso disidente, había sido descrito como un reino de silencio, un país en el que gobernaba el terror. Y esto se rompió en el 2011. De repente en las plazas se encuentra gente de puntos muy diferentes y empiezan a compartir un conocimiento, empiezan a intercambiar experiencias. Y esto genera que el relato sobre Siria ya no se construye de forma vertical, de arriba abajo, sino que se construye de forma horizontal. Esto sigue siendo así en el exilio actualmente, y por tanto no podemos decir que esta resistencia civil haya terminado. Al mismo tiempo, dentro de Siria, sorprendentemente, siguen existiendo movimientos de protesta, sobre todo en el sur, en Suwayda.

¿Cómo son?

Son valientes, valientes a más no poder. Porque la realidad es que el régimen, lo que ha demostrado hasta ahora, es que no tendría ningún tipo de tolerancia hacia la disidencia. Por tanto, que después de todos los cientos de miles de personas muertas, las desaparecidas y toda la gente que ha tenido que abandonar el país, que ahora mismo florezcan las protestas es muy esperanzador y demuestra que el objetivo principal del régimen, que era garantizarse décadas de una paz obligada, una paz malentendida, una paz basada en la represión y el miedo, no ha podido cumplirse

¿El aparente crecimiento de la aceptación internacional del discurso asadista puede desesperanzar la voluntad pacífica de la población?

Creo que desde esas opciones actualmente noviolentas tienen muy claro que la violencia no puede ser una solución para transformar a Siria. Es evidente que en muchos sectores hay desánimo, porque lo sacrificado por el camino es mucho: difícilmente conocerás a nadie en el exilio que no tenga familiares, amistades o compañeros que hayan sido asesinados, que hayan muerto o estén desaparecidos.El hecho de que Al Asad pueda recibir un reconocimiento, actualmente de forma regional y quién sabe si en un futuro en otros círculos diplomáticos internacionales, sin duda es un pinchazo de dolor para todxs estxs activistas. Ahora, creo que el retorno o la preponderancia de la vía armada como solución que se ve viable es muy difícil que vuelva a darse.


«Que Asad pueda recibir un reconocimiento, regional y quién sabe si en un futuro en otros círculos diplomáticos, es un pinchazo de dolor para lxs activistxs»


¿Qué impacto han tenido los movimientos noviolentos retratados en el libro en los movimientos noviolentos actuales?

El movimiento actual es mucho menor. Estamos hablando de algo muy valiente y, a la vez, muy simbólico, comparativamente con ese momento en que hablábamos de cientos de miles, millones de personas, en todo el país. Actualmente se habla de unas pocas miles. Pero sí es verdad que cuando se volvió a dar esa ola de manifestaciones a finales de agosto del pasado año, generaron una ola de solidaridad muy empoderadora. Otra cosa que fue muy bonita es que en las pancartas, en los carteles y en la simbología que se daba en las manifestaciones actuales se hacían referencias al legado y a las personas protagonistas de las manifestaciones de 2011. Esto fue muy importante.

¿Por qué?

Porque vincula y da una continuidad a esta protesta y obviamente generó solidaridad y de algún modo reafirmó ese sentido de comunidad que se ha hecho crecer. Porque realmente, Siria era un país donde antes del 2011 lo que primaba no era precisamente el sentido de comunidad. Sino que la permeación del sentido de los servicios secretos a todos los niveles de la sociedad hacía que realmente fuera muy difícil confiar en nadie y, por tanto, lo que se imponía en muchos casos era una supervivencia individual.


«Lxs jóvenes de Daraya mantuvieron una opción noviolenta muy pura, es decir, en este sentido fueron un faro, porque ellxs tuvieron muy claro que si tú querías cambiar Siria tenías que empezar por cambiar la ciudadanía siria.»


El relato de lxs jóvenes de Daraya nos muestra un ejemplo en el que la semilla de la noviolencia son la cultura y la educación. ¿Qué papel desempeñan estos factores en el desarrollo de movimientos pacifistas?

Sin duda Daraya fue, como dijo Razan Zaitouneh, «Daraya fue una estrella antes de la revolución y sigue siéndolo durante la revolución». Fue un caso también muy excepcional, porque realmente la confluencia de un imán con ideas progresistas, con un grupo de estudiantes que se entusiasmaron y que se implicaron en esta experiencia y en estos aprendizajes de medios no violentos fue…diría mágico. No sería mágico pero fue muy excepcional. Y generó un movimiento muy potente, sin duda Daraya fue una semilla para esta revolución.

Rosas y botellas de agua como las ofrecidas a los soldados durante las protestas en Daraya. En el texto dice “Todos somos sirios, ¿por qué os peleáis?” Más información sobre el grupo de noviolencia «Juventud Daraya» en Noviolencia en Siria: Daraya como ejemplo (y II)

(…)
Lxs jóvenes de Daraya mantuvieron una opción noviolenta muy pura, es decir, en este sentido fueron un faro, porque ellxs tuvieron muy claro que si tú querías cambiar Siria tenías que empezar por cambiar la ciudadanía siria . Y la transformación de la ciudadanía siria era muy difícil que se pudiera realizar a través de la vía de las armas. Porque, evidentemente, si utilizas las herramientas del enemigo para construir una sociedad nueva, es muy difícil que lo que surja tenga elementos comunitarios y sociales de democracia participativa, de libertad. Lxs activistas de Daraya esto lo tenían muy claro desde el principio. Lo que decía Yahya: «Prefiero morir que matar».

¿Qué ejemplos de movilización pacífica podemos encontrar en otros países de Oriente Medio?

Ha habido movimientos muy potentes a lo largo de estos últimos años. En Irak, jóvenes manifestantes ocuparon el centro de la capital con una acampada brutal pidiendo un futuro. Un país que debido a muchos años de guerra, de corrupción, de clientelismo, de nepotismo, de unas élites gobernantes incapaces, pues se encontraba en una situación de pobreza, de marginación, de falta de trabajo… Y lxs jóvenes ocuparon la plaza y mantuvieron un pulso con el estado y con las milicias que le apoyaban. Con actividades de todo tipo, con autoorganización, con actividades culturales, obras de teatro, arte. Y pese a que las fuerzas que estaban en el poder fueron secuestrando y asesinando a estas personas jóvenes que, por ejemplo, llevaban a cabo protestas y actividades en favor de la preservación del medio ambiente.

¿Dónde más?

En Líbano, también, en el 2019 hubo una ola, lo que se conoció como Thaura, la revolución, y fue también un movimiento potentísimo democratizador. Yo había estado en plazas en las que se hacían lecturas de la Constitución, porque era algo que hasta entonces se desconocía, incluso que había una Constitución, que lxs ciudadanxs tenían derechos. Ha habido a lo largo de toda la región ejemplos muy potentes. En el caso sirio hubo acciones tan fantásticas como las pelotas de ping-pong, en las que grupos de jóvenes subían a las colinas de Damasco y lanzaban cientos de pelotas de ping-pong donde había escrito libertad, paz, unidad, y las hacían caer por las calles empinadas haciendo repicar, mientras los soldados intentaban recogerlas, quedando en un evidente ridículo y dejando entrever de algún modo simbólica la fragilidad del régimen.

FOTO: ILARIA RAVAI
Hace unos años participaste en una serie de documentales titulados Después de la paz . ¿Crees que en algún momento se podrá hacer uno sobre Siria?

Veo muy difícil que, mientras Bashar el Asad, siga en el poder, y por ahora nada indica que pueda haber un cambio a corto plazo. se pueda hacer algo similar a Después de la paz . Porque no deja de ser un régimen. Ante todo, yo ahora mismo tampoco tendría ningún interés en pisar la Siria asadista, pero a la vez es un régimen muy hermético, que no está nada abierto a la presencia de periodistas, documentalistas o cineastas en la zona, y ésta ya era la política antes de la Revolución. Siempre ha sido un poco ésta la política.

¿Nos la describes?

Mantenerse aislado y crear el relato. Todo esto ha cambiado mucho con la llegada de las redes sociales, y más ahora, que como decíamos, hay una Siria en el exilio con una voz muy potente. Pero entrar dentro del país, explicar cómo es la situación de Después de la Paz , creo que es muy difícil. En todos los países de Después de la Paz era una paz muy frágil, era una paz que no era una paz, no era lo que se conoce como una paz positiva. En Siria no hay nada, no existe ningún intento de reconciliación, no hay ningún intento de reparación. Quiero decir, cuando la victoria armada se considera un triunfo, la supervivencia ha sido considerada un éxito en sí misma.


Entrevistas en otros medios:

Mèdia.cat – Observatori Crític dels Mitjans: “Les guerres sovint es narren com un partit de futbol per simplificar-les a ulls dels espectadors”

Els matins TV3,vídeo: Els revolucionaris no-violents de la Primavera Àrab

Badalona Matí /El podcast: 13 anys de guerra a Siria


Imagen destacada de la entrada: grafitti de Abu Malik realizado en Daraya en agosto de 2014. Sobre un osario con la palabra dolor escrita en árabe en un casco militar, una niña se encarama para escribir en alto la palabra esperanza.

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